viernes, 31 de diciembre de 2010
miércoles, 29 de diciembre de 2010
CREPUSCULO ARGENTINO
(ARTURO CARRERA)
Publicado por Natalia en 01:39 3 comentarios
poesía de otro
viernes, 24 de diciembre de 2010
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Debut y despedida
DEBUT: Bueno, finalmente me recibí! Se puede decir que soy una "licenciada y profesora en Letras" (en proceso, porque tengo que tramitar el título)
DESPEDIDA: digo adiós a los 7 años de carrera, digo adiós a alguien que me acompañó 7 años, esos 7 años, 7 años de relación y a quien estoy eternamente agradecida.
Una vez escuché decir por ahí que en la vida hay que saber cerrar círculos para poder abrir otros (si no se cierran nos quedamos en esa especie de círculo vicioso, deambulando y totalmente perdidos). Bueno, estoy cerrando ese círculo, haciendo las paces con el pasado para poder avanzar hacia el futuro. Despido en paz a ese círculo, a ese pasado, ya no quiero estar dentro de él.
Por eso lo cierro (lágrimas aparte) donde empezó todo...
y enciendo una vela por los dos, para que seamos felices, siguiendo el camino que elijamos seguir.
Porque eso también es el amor
Te dedico mi "tema termómetro"
y enciendo una vela por los dos.
Publicado por Natalia en 23:09 5 comentarios
poesía -vida
viernes, 17 de diciembre de 2010
VUELVO ENSEGUIDA
LUEGO DEL MARTES VUELVO A DEJAR ENTRADAS. ES QUE ESE DÍA RINDO MI ÚLTIMO FINAL Y ME RECIBO DE LICENCIADA Y PROFESORA EN LETRAS!
ESTOY MUY ANSIOSA Y ALGO ANGUSTIADA PORQUE HAY MUCHAS COSAS QUE ESTÁN TERMINANDO Y ESTÁ LA INCERTIDUMBRE DE NO SABER CÓMO SEGUIR.
PERO SIEMPRE TERMINAR Y CONCRETAR ALGO ES UN GRAN DESAFÍO PARA MÍ MISMA (QUE SIEMPRE DEJO LAS COSAS POR LA MITAD)
BUENO...LUEGO DEL MARTES SABRÁN...
Publicado por Natalia en 23:23 11 comentarios
poesía y estudios
viernes, 10 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
The Smiths - How Soon Is Now (Mixed Video)
Publicado por Natalia en 00:51 6 comentarios
poesía Video de música
lunes, 6 de diciembre de 2010
2 textos de CLARICE LISPECTOR
EL AMOR ES ROJO, LOS CELOS SON VERDES, MIS OJOS SON VERDES
Más allá de la oreja existe un sonido, en el extremo de la mirada un aspecto, en las puntas de los dedos un objeto: es allí adonde voy. En la punta del lápiz el trazo. Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espada la magia: es allí adonde voy. En la punta del pie el salto. Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí adonde voy.
¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Yo os espero. Es allí adonde voy. En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra “tertulia”, y no sé dónde ni cuándo. Al borde de la tertulia está la familia. Al borde de la familia estoy yo. A la orilla de mí estoy yo. Es hacia mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un rincón para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé sobre qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre. Es hacia mi pobre nombre adonde voy. Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa. En el extremo de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras.¿Palabras al viento? ¿Qué importa,los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.
Yo a la orilla del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto. Oh, perro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.
¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.
SILENCIO
Es tan vasto el silencio de la noche en la montaña. Y tan despoblado. En vano uno intenta trabajar para no oírlo, pensar rápidamente para disimularlo. O inventar un programa, frágil punto que mal nos une al súbitamente improbable día de mañana. Cómo superar esa paz que nos acecha. Silencio tan grande que la desesperación tiene vergüenza. Montañas tan altas que la desesperación tiene vergüenza. Los oídos se afilan, la cabeza se inclina, el cuerpo todo escucha: ningún rumor. Ningún gallo. Cómo estar al alcance de esa profunda meditación del silencio. De ese silencio sin memoria de palabras. Si es muerte, cómo alcanzarla.
Es un silencio que no duerme: es insomne; inmóvil, pero insomne; y sin fantasmas. Es terrible: sin ningún fantasma. Inútil querer probarlo con la posibilidad de una puerta que se abra crujiendo, de una cortina que se abra y diga algo. Está vacío y sin promesas. Si por lo menos se escuchara al viento. El viento es ira, la ira es vida. O nieve. La nieve es muda pero deja rastro, lo emblanquece todo, los niños ríen, los pasos resuenan y dejan huella. Hay una continuidad que es la vida. Pero este silencio no deja señales. No se puede hablar del silencio como se habla de la nieve. No se puede decir a nadie como se diría de la nieve: ¿oíste el silencio de esta noche? El que lo escuchó, no lo dice.
La noche desciende con las pequeñas alegrías de quien enciende lámparas, con el cansancio que tanto justifica el día. Los niños de Berna se duermen, se cierran las últimas puertas. Las calles brillan en las piedras del suelo y brillan ya vacías. Y al final se apagan las luces más distantes.
Pero este primer silencio todavía no es el silencio. Que espere, pues las hojas de los árboles todavía se acomodarán mejor, algún paso tardío tal vez se oiga con esperanza por las escaleras.
Pero hay un momento en que del cuerpo descansado se eleva el espíritu atento, y de la tierra, la luna alta. Entonces él, el silencio, aparece.
El corazón late al reconocerlo.
Se puede pensar rápidamente en el día que pasó. O en los amigos que pasaron y para siempre se perdieron. Pero es inútil huir: el silencio está ahí. Aun el sufrimiento peor, el de la amistad perdida, es sólo fuga. Pues si al principio el silencio parece aguardar una respuesta -cómo ardemos por ser llamados a responder-, pronto se descubre que de ti nada exige, quizás tan sólo tu silencio. Cuántas horas se pierden en la oscuridad suponiendo que el silencio te juzga, como esperamos en vano ser juzgados por Dios. Surgen las justificaciones, trágicas justificaciones forzadas, humildes disculpas hasta la indignidad. Tan suave es para el ser humano mostrar al fin su indignidad y ser perdonado con la justificación de que es un ser humano humillado de nacimiento.
Hasta que se descubre que él ni siquiera quiere su indignidad. Él es el silencio.
Puede intentar engañársele, también. Se deja caer como por casualidad el libro de cabecera en el suelo. Pero, horror, el libro cae dentro del silencio y se pierde en la muda y quieta vorágine de éste. ¿Y si un pájaro enloquecido cantara? Esperanza inútil. El canto apenas atravesaría como una leve flauta el silencio.
Entonces, si se tiene valor, no se lucha más. Se entra en él, se va con él, nosotros los únicos fantasmas de una noche en Berna. Que entre. Que no espere el resto de la oscuridad delante de él, sólo él mismo. Será como si estuviéramos en un navío tan descomunalmente grande que ignoráramos estar en un navío. Y éste navegara tan largamente que ignoráramos que nos estamos moviendo. Más de eso, nadie puede. Vivir en la orla de la muerte y de las estrellas es una vibración más tensa de lo que las venas pueden soportar. No hay, siquiera, un hijo de astro y de mujer como intermediario piadoso. El corazón tiene que presentarse frente a la nada sólito y sólito latir alto en las tinieblas. Sólo se escucha en los oídos el propio corazón. Cuando éste se presenta completamente desnudo, no es comunicación, es sumisión. Además, nosotros no fuimos hechos sino para el pequeño silencio.
Si no se tiene valor, que no se entre. Que se espere el resto de la oscuridad frente al silencio, sólo los pies mojados por la espuma de algo que se expande dentro de nosotros. Que se espere. Un insoluble por otro. Uno al lado del otro, dos cosas que no se ven en la oscuridad. Que se espere. No el fin del silencio, sino la ayuda bendita de un tercer elemento, la luz de la aurora.
Después, nunca más se olvida. Es inútil intentar huir a otra ciudad. Porque cuando menos se lo espera, se puede reconocerlo de repente. Al atravesar la calle en medio de las bocinas de los autos. Entre una carcajada fantasmagórica y otra. Después de una palabra dicha. A veces, en el mismo corazón de la palabra. Los oídos se asombran, la mirada se desvanece: helo ahí. Y desde entonces, él es fantasma.
Clarice Lispector (Ucrania, 1920-Río de Janeiro,1977)
Publicado por Natalia en 19:29 8 comentarios
poesía de otro
sábado, 4 de diciembre de 2010
CÓMO LA POESÍA LLEGA A MÍ
Se acerca dando tumbos por las
rocas de noche, se queda
temerosa donde el
fogón no alcanza a iluminar
Voy a su encuentro al
filo de la luz.
(GARY SNYDER)
Publicado por Natalia en 15:01 9 comentarios
poesía de otro
RENACIENDO CON EL TIEMPO EN SU INTERIOR... “Son las decisiones y no las circunstancias, las que determinan nuestro propio destino” (DAISAKU IKEDA)




